Applied Biochemistry Research Group (PI). Faculty of Science. University of Alicante.
Vice President (Vicerrectora) for International Relations and Development Cooperation.
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Su trabajo con microorganismos extremófilos —especialmente haloarqueas— ha abierto caminos inesperados para la biorremediación de aguas salinas y salmueras contaminadas. Descubrió que ciertas especies toleran concentraciones de nitrato y nitrito que duplican cualquier registro previo en la literatura, y que esa tolerancia podría convertirse en una herramienta real para recuperar ecosistemas acuáticos al borde del colapso.
Desde MycoData creemos que la ciencia se construye con comunidades, no en silos. Por eso entrevistamos a investigadores e investigadoras que están generando evidencia en biorremediación. Esta es la primera de una serie que esperamos contar con muchas más voces.
Los resultados obtenidos en una línea de investigación básica sobre rutas metabólicas del ciclo biogeoquímico del nitrógeno en haloarqueas fueron el origen de mi interés por la biorremediación. En aquel momento —finales de los años 90— estudiaba las enzimas que catalizan las reacciones de la reducción asimilativa del nitrato y la desnitrificación.
Vimos que algunas especies de haloarqueas, microorganismos extremófilos que viven en medios hipersalinos, eran capaces de crecer en presencia de elevadas concentraciones de nitrato, nitrito y amonio. Demostramos que Haloferax mediterranei era capaz de crecer en presencia de hasta 2 M de nitrato potásico o 45 mM de nitrito potásico —el nitrito es tóxico para la mayoría de los seres vivos a concentraciones superiores a 2 mM. Estas concentraciones siguen siendo las más altas descritas en la literatura en cuanto a tolerancia por parte de un microorganismo.
Teniendo en cuenta que estos microorganismos crecen en salmueras y que toleran estas altísimas concentraciones de compuestos nitrogenados, pensé que podrían ser una herramienta para eliminar nitrato, nitrito y amonio de aguas salinas. El planteamiento teórico tuvo buena acogida, sobre todo porque ya había episodios de colapso en ecosistemas cercanos a nuestra universidad, como el Mar Menor en Murcia, donde el uso masivo de fertilizantes estaba provocando contaminación masiva del agua con compuestos nitrogenados.
Cambiar de línea de investigación fue en sí mismo un desafío. A la hora de solicitar financiación, me encontré con el limitante de no tener experiencia previa trabajando en biorremediación y por tanto no era fácil conseguir fondos en convocatorias en concurrencia competitiva.
El segundo gran desafío fue conseguir captar la atención de empresas del sector de tratamiento del agua.
Tras una primera fase centrada en la eliminación de compuestos nitrogenados de salmueras, nos sorprendió ver que algunas especies de haloarqueas eran especialmente tolerantes incluso a otros compuestos como oxiclorados. Decidimos seguir monitorizando la tolerancia de las haloarqueas a otros contaminantes como metales pesados y metaloides.
Potenciaría mucho más la labor de formación y difusión a la población general para minimizar o desacelerar los procesos que dan lugar a contaminación ambiental —estamos muy lejos aún de mostrar un comportamiento responsable para con el medio ambiente— y, en segundo lugar, centraría siempre el foco del estudio en la solución ecosistémica integral, más que en "limpiar" sin más un entorno.
En mi opinión, no se trata solo de limpiar agua, suelo y aire de contaminantes —que provienen de acción antropogénica casi siempre—, sino de conseguir ecosistemas más saludables en el sentido más amplio de la palabra. El concepto One Health llevado al extremo.
Que no se desanimen ni descarten la idea de investigar en este ámbito. El planeta ya está dando avisos de socorro. Estamos estresando mucho los ciclos naturales y la disponibilidad de grandes reservas de materias primas, mientras los índices de contaminación no solo no se estancan sino que siguen aumentando.
La búsqueda de soluciones por un bien común que permitan restablecer los equilibrios naturales y eliminar la polución va a ser esencial en las próximas décadas para garantizar un desarrollo humano equitativo y un entorno natural saludable.
MycoData es un motor de evidencia científica para biorremediación fúngica, recientemente seleccionado como finalista de Nano Impact 2026 de la Fundación Argentina de Nanotecnología.
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